04/07/10

Ayer la Luna fue una medialuna. Dormí pronto.

Desperté al mediodía, almorcé y caminé a la parada. Al comienzo estuve solo, contemplando la plaza y el movimiento de las hamacas. A la media hora se acercó un señor, vestido de negro, con anteojos, colgando del hombro derecho una suerte de mochila. Observando la forma del bolso pude comprobar que se trataba de un instrumento, una trompeta.

―¿Usted toca la trompeta?―

―Más que a mi mujer.―

―¿Qué colectivo espera?―

―El treinta. O algún cinco. Me conviene el treinta porque me lleva exactamente a donde debo ir. En caso de abordar el cinco me veré obligado a hacer trasbordo. Y para el bolsillo de un músico como yo dos pasajes son demasiado.―

―Comprendo, ¿y a dónde va?―

―Voy al centro. Me dicen que actuaremos en un cumpleaños. Anteriormente había más trabajo, y se ganaba mejor.―

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El diálogo siguió otra media hora hasta que el colectivo que aguardaba el señor llegó.