XXIV

Comentarios 25/12/2009

Allí estaba ella, con su olor tan único y su mirada decidida. Pensando en gatos tal vez, o admirando los paisajes que también podía yo ver. Sentados ambos en el asiento trasero de aquel bello auto que acababa de revivir.

Sólo pensaba en ella y en sus hermosas manos de cinco dedos cada una.

Miraba yo sus hipnóticas pupilas que hacen juego con su rostro. Quisiera en verdad guardar sus ojos en alguno de mis bolsillos (o uno en cada bolsillo), para mirarlos cuando se acerca el llanto.

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