Lunes. El colegio vuelve a comenzar. Hay que despertar temprano y desayunar de la manera más breve posible (o no desayunar, que es algo muy popular). Caminar un montón de cuadras con los cuadernos en la mochila, erguirse y no parpadear para cantar el himno bostezando y ver cómo el resto hace trampa, moviendo sólo los labios, la lengua quieta.
Aparece una decena de profesores nuevos, todos con bigote y corbata y nos preguntamos que por qué así, por qué tal apariencia... Voluntad de la directora dice el limpiador. Volvemos a entrar en los mismos baños durante el recreo y el perro está durmiendo siempre ahí en suelo.
Y los compañeros. Marcio se mudó a otro colegio, Sol está en España, de Adrián no sabemos nada, a Natalia siempre la vemos pero no saluda ni cuenta nada.
Lunes. El colegio vuelve a comenzar, las tizas, los sonrisas de pupitre a pupitre, las reglas, el sonido de los dedos que exploran la cartuchera, los exámenes. El colegio vuelve a comenzar.
