Un músico de la plaza

Comentarios 6/3/2010

Nunca ingresé al conservatorio porque las ventanas son muy pequeñas. Además tengo miedo de que se suelten las cuerdas, porque las cuerdas de la guitarra se sueltan en cualquier momento y las cuerdas traviesas duelen, especialmente cuando van a parar al rostro.

Ya me han salido los callos en las yemas, ya soy un guitarrista y la gente lo sabe cuando me pasa la mano al saludar. Y dice, señor, usted debe ser un buen guitarrista. Siempre respondo que sí puesto que la gente normal no lleva las yemas así y podrían creer que me paso el día acariciando las paredes húmedas de mi habitación.

La gente se acerca y me pide que le enseñe. Les digo que pongan los dedos así, sobre el traste equis y que hagan esto. Y a la mayoría no le sale, gente de dedos cortos. Entonces pienso que si la cirugía plástica es capaz de reducir el tamaño de cualquier nariz, también podría alargarle los dedos a uno.

Es tan difícil ser músico y tocar lo que la gente quiere escuchar. Porque yo voy, me siento en el medio de la plaza y comienzo a tocar lo que me gusta hasta que de pronto viene un señor a suplicarme que toque una cumbia de no sé quién. Le digo, lo siento señor. Le digo que yo no soy músico, que soy un loco que acaba de escapar del manicomio y tiene una guitarra.

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