Quisiera sentarme en alguna silla, de alguna casa, casa ajena.
Estirar las piernas y comprobar que somos más altos cada día, que desde mañana habrá que tener cuidado con los ventiladores de techo.
Alzar los brazos sin dejar de estirar las piernas y culpar a la gravedad, porque también, cada día pesamos más. Es que la gravedad ya está vieja y cuando se queda sola juega con nosotros.
Cerrar los puños, con los brazos en alto y sin dejar de estirar las piernas. Pensar en los boxeadores, en porqué no nos dedicamos a romper mandíbulas en el ring.
Abandonar la casa ajena, agradeciéndole al dueño por habernos prestado su silla para pensar. Agradeciéndole con comida, con un bife o un huevo frito sin yema. Gracias.
