Estoy tomando café con la Luna, brindamos chocando nuestras tazas, brindamos por esta oscuridad tan conmovedora.
Le sirvo mucho café, para que no duerma, para que amanezca junto al Sol.
En el pan unto las estrellas y las devoro sin despedidirme.
Zapateo y los perros ladran, los gatos nos rodean con sus miradas profundas y despierta mi madre en camisón.
Así que rescato mi olvidada guitarra, la afino, la afino porque la noche recién está gateando.
Acaricio sus cuerdas heladas, pienso en alguna canción y dejo que el viento cante con su voz tan poderosa.
Ya no podríamos dormir, ni la Luna ni yo. Podríamos repetirlo muchas veces, muchas, hasta que el Sol se sienta poca cosa.
