Volvámonos locos y crucemos el puente de madrugada. Escuchemos la risa de los fantasmas y el llanto de las ranas.
Crucemos el puente. Saludemos a los maniquíes sin rostro que son en realidad policías, policías que cuidan la zona.
Salgamos corriendo con los ojos y puños cerrados. Asustémonos.
