Invitados

Comentarios 11/1/2010

Julia, seguro que ya no te acordas de ese día. Cuando la abuela despertó a eso de las seis de la mañana y corrió a tu habitación, gritó tu nombre y vos apenas abriste los ojos. Cumplías quince años. Felicidades, decía la abuela.

Queríamos hacerte una fiestita sorpresa pero andábamos tan mal en ese entonces. Le suplicamos a la señora del almacén y nos prestó unos manteles. El tío Guillermo consiguió una torta de cinco kilos. Y la abuela, estaba tan feliz, compró bandejitas de cartón y cubiertos de plástico.

Después de almorzar me pasó la lista de invitados. Tantos nombres que no conocía, tantos desconocidos a los que tendría que servirle torta.

A las siete comenzaron a llegar los primeros invitados. Ya estaba todo preparado. Y te confieso Julia, que dejé entrar a algunos colados.

Venían tan bien vestidos esos muchachos, con moños grises o blancos y algunos traían regalo. Buscaba sus nombres en la lista y no los encontraba. Me entristecían sus caras de hambre, y la torta, era tan grande la torta que podríamos invitarles un poco a ellos. Así que los dejaba pasar como cuando uno debe mover el pie para no interrumpir la fila india de las hormiguitas.

Vos estabas tan feliz. Te reías con cualquier cosa, con los bigotes de nuestros tíos argentinos, conmigo cuando metía los dedos en la torta, con el vecino.

Llegó el momento del baile y tuve que apurarme para rebobinar el cassete que me prestó el padre Miguel. Bailaste el vals conmigo y con un montón de desconocidos...

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