Frente a un frasco de aceitunas

Comentarios 7/1/2010

¿Por qué sumerge el dedo en el frasco? ¿Acaso está buscando la aceituna más grande? Usted no comprenderá jamás. Todas las aceitunas son iguales.

No sé porqué escupe los carozos. A mí me divierte masticarlos, intentar romperlos, descubrir que es imposible pero olvidarlo. Y masticarlos otra vez.

Le recomendaría que guarde las aceitunas bajo su almohada. En una de esas, cuando despierta con hambre por las madrugadas, una o dos aceitunas podrían calmarle el apetito. Pero sé que no escuchará, porque cuando tiene los dedos metidos en el frasco, buscando la aceituna más grande, usted no escucha, usted se vuelve sordo.

¿Por qué no me mira a los ojos cuando le hablo? ¿Es ciego? Lo conozco muy poco, lo he visto varias veces, cortando el césped de los terrenos vecinos con un cigarrillo en la boca. Al parecer, sólo a eso se dedica usted, a cortar el césped, a sumergir el dedo en los frascos de aceituna y buscar la más grande.

Dejemos de hablar de aceitunas. Salgamos a la calle y busquemos grillos. Lo digo porque no encontrará la aceituna más grande, porque me he comido la más grande, porque me he comido todas, porque el frasco está vacío.

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