El viejo Alfonso

Comentarios 28/2/2010

Se acomoda en el sillón y habla con sus nietos, les da consejos, les cuenta anécdotas. Luego recuerda que está solo y tiene ganas de llorar, pero no llora, él ya es grande y los grandes no lloran.

Le tiemblan las manos, tal vez tiene miedo de morir, porque ya está viejo. Ya no puede bajar las escaleras brincando... Y sí, tal vez tiene miedo de morir, porque piensa demasiado en eso, se imagina a él mismo en la comodidad del ataúd, rodeado de su parientes todos enlutados.

De repente alguien toca la puerta, y se queda tieso tratando de mirar a través de la cerradura. No ve nada así que no abre. Cuando Roberto llama a preguntarle que cómo está, él le cuenta, le dice que está preocupado porque unos fantasmas tocan su puerta. Pero es Roberto, su hijo, el que viene de visita.

Ya no abre la puerta, el viejo Alfonso, ya está muy viejo. Los platos se le deslizan de las manos, olvida su cumpleaños, si cumple ochenta y dos u ochenta y cinco, olvida todo.

Un día, ya nadie contesta el teléfono, y si contestara alguien sería el ya fallecido Alfonso.

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