Siéntese por favor bajo la mesa de algún café y cuéntele sus problemas a la silla. Acaricíe la parte inferior de la mesa, llena de chicles.
Hable con el mozo y pídale que le regale dos tazas porque las que tiene en casa están rotas. Sonríale pero no le muestre los dientes pues los lleva amarillos.
Coloque un cartel sobre la mesa o bajo ella, uno que diga que esa mesa está reservada para usted. Evite hablar con extraños, al mozo sólo le hablará para pedirle las tazas. Pero sigue él, siendo un extraño peligroso.
Salga del café a paso lento y sin pagar porque las tazas fueron un regalo. Llegue a su casa y entre por la puerta del frente.
Ahora sí, está solo. Corra a la cocina y párese frente a la heladera. Guarde el par de tazas en la heladera, es que las tazas tienen calor.
