El ajedrecista

Comentarios 2/1/2010

El ajedrecista al fin abandonaba el banco de la plaza, en el que había estado sentado desde la mañana.

—Tendrías que practicar más. El ajedrez es cuestión de concentración.— exclamó. Yo, miraba a los caballos, a las torres y seguía mareado de tantas jugadas.

—A mí, en realidad, me gustan las damas.— le respondí, aparentando sabiduría. El ajedrecista era homosexual.

Recuerdo que cuando lo conocí recién, vagaba por la plaza día y noche. Ya desde entonces cierto toque femenino en sus gestos y expresiones me hacían sospechar de su sexualidad.

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