Desaparezca por favor, pero no se cambie el nombre. Le queda lindo.
Múdese a alguna casa abandonada del centro. Escuche los ladridos de perros sin vida en la cocina y meriende quesos triangulares para acordarse de mí.
Huela un par de libros antes de dormir. Cierre los ojos y escuche mis silbidos.
Tome el cuchillo más filoso del cajón más antiguo del mueble de la cocina y corte la Luna por la mitad, para los dos. Es que no se puede leer con la panza vacía.
Finalmente duerma, duerma con los puños cerrados.
