Es linda la rosa marchita que lleva en el pelo. Es más linda cuando pisa las piedras grises con los ojos cerrados.
Me saluda y yo no. Le digo que tenga cuidado con el olor a peces raros.
Dibuja números en la pared, números para mí. Entonces, se saca la máscara y veo su rostro amarillo.
―Adiós.― le digo. Corro, corro lejos.
