Vas caminando por la calle con absoluta tranquilidad hasta que de pronto, del celular más moderno o de la radio más viejita en un carro de lomitos, brota una melodía atiborrada de tunchi-tunchi, la cual es interrumpida por una voz de acento italiano que con cierta tartamudez dice "panamericano" o "pa-panamericano".
Seguidamente, al tunchi-tunchi se le ocurrirá retomar su curso. Es importante que aprovechemos éste momento para salir corriendo, subir a un taxi cualquiera o detener algún colectivo. De lo contrario (y esto le sucede a cualquiera, siempre), la voz volverá. Sí, aquella voz, aquel fragmento de canción olvidada en el tiempo, que le perteneció alguna vez al cantante napolitano Renato Carosone, aquella escama musical que tuvo el infortunio de caer en las manos/máquinas perversas de un DJ.
Dicen que goza de cierta popularidad en las panaderías de Nápoles, y últimamente también en Sudamérica (lo cual es raro, porque el pan que más nos gusta es el del tal Felipe o el "trincha"). Y Renato estará sintiéndose orgulloso. De hecho, aquí sentando en mi silla, desde la ciudad del arpa y el chanchito, puedo escuchar el grito que pega cada vez que oye su canción, inclinándose un poco (como la torre de Pisa), poniendo una mano en la tapa del ataúd y apoyando su oreja musical a la fría madera varios metros bajo tierra: ¡Tu vuò fa' l'Americano!
