A la izquierda, Juana, la cantinera más flaca y desatenta. Nos acercamos con rostro inocente y le pedimos que nos sirva dos empanadas de carne. Asiente, nos mira de pies a cabeza, pega la vuelta y rápidamente aparece un plato con empanadas calentitas sobre la mesa. Le pagamos mañana.
Volvemos al siguiente día y esta vez formamos fila a la derecha... Nos atiende Casimira, la otra cantinera. Le pedimos lo mismo, dos empanadas de carne. Le pagamos mañana o más tarde.
Más tarde o al siguiente día regresamos a pagarle a Casimira. Una vez que cancelamos la cuenta con ella, formamos fila para que nos atienda Juana.
Juana nos atiende de nuevo y le pedimos una empanada de carne.
―Pero vos me debes dos.― reclama.
―Ya le pagué a Casimira.― respondemos, muy serios. Juana intercambia miradas con Casimira (que está a lado).
―Casimira ¿Él ya te pagó?― pregunta.
―Sí, ya me pagó. Dos empanadas de carne.― responde Casimira.
Así que comemos gratis. Idea de mi primo Iván Agüero en secundaria.